Poza Rica, Veracruz, 14 de octubre de 2025. — La tragedia golpeó con fuerza el corazón del norte veracruzano luego del desbordamiento del Río Cazones, que el pasado 10 de octubre arrasó con viviendas, calles y comercios en Poza Rica y municipios aledaños, dejando un panorama desolador y cientos de familias damnificadas. El desastre, provocado por las intensas lluvias derivadas de fenómenos meteorológicos recientes, ha puesto en evidencia la vulnerabilidad de la región y la lenta respuesta de las autoridades ante una emergencia de gran magnitud.

De acuerdo con los primeros reportes ciudadanos, el nivel del agua comenzó a elevarse rápidamente durante la madrugada. “Alrededor de las cinco de la mañana del viernes, el nivel del río y de los arroyos subió tan abruptamente que tuvimos un promedio de ocho a diez minutos, ya exagerado, para salir corriendo. Si no, no lo hubiéramos logrado. La corriente del agua se oía impresionante y nos tumbó el portón”, relató uno de los vecinos afectados. Historias como la suya se repiten en colonias enteras que amanecieron bajo el agua, con pérdidas totales y sin apoyo institucional inmediato.

Las colonias más afectadas permanecen en condiciones críticas. Las familias que perdieron todo sobreviven entre el lodo, la humedad y la incertidumbre. A pesar del peligro sanitario que representa la acumulación de aguas contaminadas y desechos, la respuesta gubernamental ha sido insuficiente, denunciaron habitantes y organizaciones civiles.

Mientras tanto, la solidaridad ciudadana se ha convertido en el principal sostén de los damnificados. Grupos de voluntarios, jóvenes y vecinos se han organizado por su cuenta para limpiar calles, retirar escombros, distribuir víveres y brindar atención médica básica. Diversas colectas han surgido en iglesias, escuelas y centros comunitarios para enviar ayuda a las zonas más afectadas. “Es la gente la que está sacando adelante a la gente”, expresó una voluntaria que, junto a sus compañeros, reparte comida caliente entre las familias que aún no pueden regresar a sus hogares.

El impacto del desbordamiento del Río Cazones no se limitó a Poza Rica. Municipios del sur de Veracruz, así como partes de Querétaro e Hidalgo, también registraron afectaciones severas por las lluvias torrenciales y el desbordamiento de afluentes menores. Los caminos dañados, los deslaves y la interrupción del suministro eléctrico han dificultado las labores de rescate y asistencia.

A cuatro días de la tragedia, las cifras oficiales de personas fallecidas y desaparecidas siguen sin definirse, y los damnificados continúan exigiendo una respuesta efectiva de los gobiernos estatal y federal. La situación se agrava con cada hora que pasa, ya que la falta de agua potable, alimentos y atención médica amenaza con generar una crisis de salud pública.

En medio del dolor y la pérdida, Poza Rica se mantiene en pie gracias a la unión de su gente. Sin embargo, la desesperanza crece ante la ausencia de soluciones concretas. Lo que inició como una emergencia natural se ha transformado en una crisis humanitaria, que deja en claro que, una vez más, es la sociedad civil quien sostiene a la comunidad cuando el Estado no llega a tiempo.